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Yo Codependiente. ¿Desde Cuando?. Anónima 01

Donde no hay amor sano, habrá codependencia. La Codependencia a las Relaciones es la madre de todas las adicciones. Desde este espacio te contamos las experiencias de personas codependientes. Si eres una de ellas y quieres compartir tu historia, únete para ayudar a otras. Somos muchas y todas estamos en el camino. Escríbenos de forma anónima o anónimo.

Anónima 01

Quisiera plasmar de un solo golpe toda mi experiencia personal. No va a ser fácil, creo que voy a necesitar mucho espacio. Iré escribiendo conforme vaya recordando. Son tantos años siendo codependiente, toda mi vida realmente; y yo sin saberlo.

 

¿Cuándo comenzó?. El colegio.

Cuando fui al colegio por primera vez y vi como mi madre me dejaba en la fila, íbamos entrando y ella salió del patio del colegio, el miedo me inundó. Entré llorando, todavía se me llenan los ojos de lágrimas al recordarlo. El colegio estaba a dos minutos de mi casa.

 

El maestro

Recuerdo con nitidez aquel momento, el lugar donde me tocó sentarme según mi apellido. Las lágrimas de miedo y el nudo en la garganta no me dejaba responder al maestro que, se me acercó  lentamente y me dijo: ¿tú que estás llorando?, le hice un gesto con la cabeza y con la voz entrecortada, secándome las lagrimas le respondí: no, yo no; yo no estoy llorando.

Me miró con muy mala cara y me dijo de nuevo: ¿seguro?, que yo no vea que estás llorando. Volví a decirle que no, cerrando los labios apretados con una sonrisa forzada, llena de vergüenza porque que todos me vieran así. Humillada se me inundó el corazón de tristeza.

 

Mejor Calladita

En el colegio fui una una niña muy callada, asustada. Me daban mucho miedo los maestros en aquel momento, tenía motivos, la poca delicadeza con la que me había tratado el primer día me dejó una huella que me duró años.

Llorar es algo natural y normal en cualquier niño o niña que va por primera vez al colegio y le dejan allí; el sentimiento de abandono es enorme…así me sentí yo, sola y asustada.

 

Mi compañera

Hice buena amistad con mi compañera, vivía en la calle paralela a la mía. Ella pasaba más tiempo en mi casa que en la suya.

Su madre era una mujer de creencias muy religiosas, cada día iba a misa, la obligaba a que fuera, pero en su casa la maltrataba, igual que al resto de sus hermanos.

Por las mañanas, cuando iba con mi madre para el colegio, antes pasaba por la casa de mi amiga, si ella no iba por cualquier motivo, yo tampoco quería ir.

 

La maestra de labores

En el segundo año de colegio, teníamos clases de labores. Salíamos de nuestra aula y nos llevaban a otra. Mi madre era muy buena modista, y a mi hermana se le daba bien las labores de coser y bordar, cosa que a mí me resultaba más dificil.

No es que no se me diera bien, sencillamente es que era y sigo siendo zurda.

Pasaba que, la maestra me ponía a hacer las muestras y comenzaba de derecha a izquierda, para mi era imposible coser con la mano derecha.

Se lo decía, pero no me hacía caso, me angustiaba pensar que terminaba la clases y no había dado una puntada, sentía temor a que me preguntara. Me sentía nerviosa, lloraba, mi compañera me ayudaba a escondida.

Mientras yo le ayudaba haciéndole sus tareas del colegio, hacíamos ese intercambio disimulando como podíamos.

Aún así, el miedo y los nervios no faltaban cuando tocaba el día de la clases de labores, la incertidumbre, tenía que asegurarme de que mi compañera estaría si o si. Entre otros trabajos, he sido modista durante 13 años…la mejor alumna que mi profesora en sus años de enseñanza tuvo en Formación profesional…ironías de la vida.

 

Colegio Mañana y Tarde

Por entonces, el horario de colegio era de 9: 30h a 12:30h y de 15:00h a 17:00h o a 18:00h, si ibas a clase de permanencia (refuerzo para hacer los deberes).

Sentía miedo cuando sabía que  iba tarde, o ya habían cerrado la puerta del aula, me gustaba la puntualidad. Las mañanas eran insoportables, solo me tranquilizaba la hora del recreo.

Mi madre nos llevaba el desayuno a mi hermana y a mi al colegio. El colacao calentito tapado en la jarra de cristal, con forma de panal de la miel que mi madre compraba, junto con el bollito de pan tostado con mantequilla….como si la estuviera viendo.

El resto de compañeras se sorprendían, a pocas alumnas y alumnos les llevaba su madre el desayuno y se lo daba por la entrereja de la entrada, solo a unas cuantas.

En la tarde, me iba media hora antes, protestando porque la comida no estaba lista, siempre me gustó la puntualidad, el orden, la limpieza; ver cada cosa en su lugar. Esperaba sentada frente al colegio, aunque fuera sin comer con tal de no entrar la última en clase, era algo que me aterraba, y que me miraran y me llamaran la atención.

 

En mi casa

En mi casa era diferente, me gustaba tener mi ropa ordenada, cada cosa en su sitio, la ropa para el colegio era para el colegio.

El no saber que ropa ponerme cada día se convirtió en un dilema cada mañana, peleas con mi madre y hermana que, cogía mi ropita que reservaba para los domingos y  la usaba para el colegio. Las dos nos peleabamos, las marcas de las uñas clavadas en los brazos, pero la culpable siempre era yo. Al final, terminamos preparando la ropa la noche anterior.

 

Mi hermana, mayor que yo, desordenada en casa, ella era la sumisa y yo la rebelde. Mi hermaba muy celosa porque siempre fui más vistosa que ella. Llamaba la atención por mi pelo y mis piernas que, eran iguales de bonitas que las de mi madre. Mi hermano, el mayor de los cuatro, iba a otro colegio, el segundo nació muerto a los ocho meses, o al menos eso creemos.

Quizás hasta esté vivo, la Iglesia se encargaba de todo por entonces. Nunca hubo ni una sola documentación, ni donde está enterrado, ni un comentario. Mi madre siempre dijo que tuvo un aborto, un aborto no, un parto natural a los ocho meses…

 

Mi Familia

Mis padres, eran personas de clase media, humildes. Fueron muy buenos, me dieron lo mejor, y me educaron de la mejor manera que supieron hacerlo, como todos los padres. No nos dan ningún manual cuando traemos un hijo al mundo.

Mi padre mostraba más el afecto, era más cariñoso y emotivo que mi madre, le recuerdo desde muy temprana edad, tres años. Sobre todo cuando me llevaba en brazos por las noches para dormir. Siempre el besito de buenas noches en la cabeza, nunca en la cara. Había pasado malos momentos justo cuando yo nací, que entre otras cisas, fui la última, una hija no deseada, pero nunca me contó nada, me hubiera gustado que lo hubiera hecho.

Mi madre demostraba su amor en la comida. Había pasado tanta hambre durante la guerra y postguerra, que lo que preparaba estaba exquisito. Sus comidas eran únicas, aunque fui la caprichosa, nos preparaba a cada uno lo que queríamos.

Este fue mi comienzo codependiente…

Lejano, pero ha marcado el rumbo y los tumbos de un lado a otro durante toda vida, sin encontrar el camino adecuado. Mi vida no ha sido nada fácil. Hasta los doce años puedo decir que tuve una infancia feliz. Tengo buenos recuerdos, bailar y hacer coreografías en el colegio, tocar la guitarra era lo que me hacía feliz.

Sé que nací con la adición a las relaciones, sólo que, la recuerdo a desde esa edad.

Algo que recuerdo es, el no mostrar mis sentimientos de tristeza, cuando veía en la televisión algo triste. El no darnos  besos y abrazos entre nosotros, era algo así como que daba vergüenza.

A partir de los trece años, ya comenzó mi vida solitaria y todo cambió para peor, perfida toda mi vida, sintiéndome rara, diferente, inferior, fea, no encajaba en ninguna parte.

Soy una persona muy sensible, abierta, honesta y sincera. He sido demasiado ingenua, y fabriqué la coraza de fuerte, pero por dentro muy sensible.

Me han llovido las etiquetas, y fui la excluida por no ser como el resto. Del tema “excluida” escribiré en otro momento. A los 50 años supe que cargaba una historia trágica de mi árbol genealógico, de ahí mi sentimiento de culpa y exclusión que tuve toda mi vida.

He llorado mucho a lo largo de mi vida, aunque pot fuera he tenido la sonrisa puesta, pero por dentro solo he sido una niña muy dañada, muy triste y muy sola. 

Continuó en el camino de sanarla y cuidarla…

Aún así, prefiero seguir siendo como soy: humana, sensible, auténtica y valiosa, aunque a veces se me olvide.

 

¿Acaso eres Codependiente?

Averigualo Aquí

 

Oración de la Serenidad

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