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Reflexiones Diarias 19 de Julio. Lección 200 Un Curso de Milagros. Helen Schucman.

El Milagro reconoce que todo el mundo es tu hermano, así como mi hermano también. Es una comunicación directa con Dios, tal y como lo concibas, indicando que la condición aparente entre Dios y el hombre es una falsa separación. Un milagro es una reparación a través del perdón. El propósito de estas lecciones es entrenar a tu mente para esta transformación. Nada irreal existe, nada real puede ser amenazado; en eso radica la Paz de Dios.

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Los Milagros y el Perdón

 

Meditación Tonum Letco 

 

NO HAY MÁS PAZ QUE LA PAZ DE DIOS

Deja de buscar. No hallarás otra paz que la paz de Dios.

Acepta este hecho y te evitarás la agonía de sufrir aún más amargos desengaños, o de verte invadido por una sombría desesperación y una gélida sensación de desesperanza y de duda.

Deja de buscar. No puedes hallar otra cosa que la paz de Dios, a no ser que lo que busques sea infelicidad y dolor.

Este es el punto final al que en última instancia todo el mundo tiene que llegar para dejar de lado toda esperanza de hallar felicidad allí donde no la hay, de ser salvado por lo que tan sólo puede causar dolor, y de hacer paz del caos, dicha del dolor y Cielo del infierno.

No sigas tratando de ganar por medio de la pérdida ni de morir para vivir.

Pues no estarás sino pidiendo la derrota. No obstante, con la misma facilidad puedes pedir amor, felicidad y vida eterna en una paz que no tiene fin.

Pide esto, y sólo puedes ganar.

Pedir lo que ya tienes te lleva al éxito.

Pedir que lo que es falso sea verdadero sólo puede conducir al fracaso.

Perdónate a ti mismo tus vanas imaginaciones y deja de buscar lo que no puedes encontrar.

Pues, ¿qué podría ser más absurdo que buscar el infierno una y otra vez cuando no tienes más que abrir los ojos y mirar para darte cuenta de que el Cielo se encuentra ante ti, allende el umbral de una puerta que se abre fácilmente para darte la bienvenida?

Regresa a casa.

Jamás encontraste felicidad en lugares extraños, ni en formas que te son ajenas y que no tienen ningún significado para ti, si bien trataste de que lo tuvieran.

No te corresponde estar en este mundo. Aquí eres un extraño.

Pero te es dado encontrar los medios a través de los cuales el mundo deja de parecer una prisión o una cárcel para nadie.

Se te concede la libertad allí donde no veías más que cadenas y puertas de hierro.

Mas si quieres hallar escapatoria tienes que cambiar de parecer con respecto al propósito del mundo.

Permanecerás encadenado hasta que veas el mundo como un lugar bendito, liberes de tus errores a cada hermano y lo honres tal como es.

Tú no lo creaste, así como tampoco te creaste a ti mismo. 

Y al liberar a uno, el otro es aceptado tal como es. ¿Qué función tiene el perdón?

En realidad no tiene ninguna, ni hace nada, pues es desconocido en el Cielo.

Es sólo en el infierno donde se le necesita y donde tiene una formidable función que desempeñar.

¿No es acaso un propósito loable ayudar al bienamado Hijo de Dios a escapar de los sueños de maldad, que aunque son sólo fabricaciones suyas, él cree que son reales?

¿Quién podría aspirar a más, mientras parezca que hay que elegir entre el éxito y el fracaso, entre el amor y el miedo?

No hay más paz que la paz de Dios porque Él sólo tiene un Hijo, que no puede construir un mundo en oposición a la Voluntad de su Padre o a la suya propia, la cual es la misma que la de Él.

¿Qué podría esperar encontrar en semejante mundo?

Este no puede ser real, ya que nunca fue creado.

¿Es acaso ahí adonde iría en busca de paz?

¿O bien tiene que darse cuenta de que tal como él ve el mundo, éste sólo puede engañar?

Puede aprender, no obstante, a verlo de otra manera y encontrar la paz de Dios.

La paz es el puente que todos habrán de cruzar para dejar atrás este mundo.

Pero se empieza a tener paz en él cuando se le percibe de otra manera, y esta nueva percepción nos conduce hasta las puertas del Cielo y lo que yace tras ellas.

La paz es la respuesta a las metas conflictivas, a las jornadas insensatas, a las búsquedas vanas y frenéticas y a los empeños sin sentido.

Ahora el camino es fácil, y nos conduce por una ligera pendiente hasta el puente donde la libertad yace dentro de la paz de Dios.

No volvamos a perder el rumbo hoy. Nos dirigimos al Cielo, y el camino es recto.

Sólo si procuramos desviarnos podemos retrasarnos y perder el tiempo innecesariamente por escabrosas veredas.

Sólo Dios es seguro, y Él guiará nuestros pasos.

Él no abandonará a Su Hijo necesitado, ni permitirá que se extravíe para siempre de su hogar.

El Padre llama, el Hijo le oirá. Y eso es todo lo que hay con respecto a lo que parece ser un mundo separado de Dios, en el que los cuerpos son reales.

Ahora reina el silencio.

Deja de buscar.

Has llegado a donde el camino está alfombrado con las hojas de los falsos deseos que antes anhelabas, caídas ahora de los árboles de la desesperanza.

Ahora se encuentran bajo tus pies.

Y tú levantas la mirada y miras al Cielo con los ojos del cuerpo, que ahora te sirven sólo por un instante más.

Por fin la paz ha sido reconocida, y tú puedes sentir como su tierno abrazo envuelve tu corazón y tu mente con consuelo y amor.

Hoy no buscamos ídolos.

La paz no se puede encontrar en ellos.

La paz de Dios es nuestra, y no habremos de aceptar o querer nada más.

¡Que la paz sea con nosotros hoy!

Pues hemos encontrado una manera sencilla y grata de abandonar el mundo de la ambigüedad, y de reemplazar nuestros objetivos cambiantes por un solo propósito, y nuestros sueños solitarios por compañe rismo.

Pues la paz es unión, si procede de Dios.  Hemos abandonado toda búsqueda.

Nos encontramos muy cerca de nuestro hogar, y nos acercamos aún más a él cada vez que decimos: 9No hay más paz que la paz de Dios, y estoy contento y agradecido de que así sea.

 

SEXTO REPASO

Introducción Para este repaso utilizaremos sólo una idea por día y la practicaremos tan a menudo cómo podamos.

Además del tiempo que le dediques mañana y noche, que no debería ser menos de quince minutos, y de los recordatorios que han de llevarse a cabo, cada hora durante el transcurso del día, usa la idea tan frecuentemente como puedas entre las sesiones de práctica.

Cada una de estas ideas por sí sola podría salvarte si verdaderamente la aprendieses.

Cada una de ellas sería suficiente para liberaros a ti y al mundo de cualquier clase de cautiverio, e invitar de nuevo el recuerdo de Dios.

Con esto en mente, demos comienzo a nuestras prácticas, en las que repasaremos detenidamente los pensamientos con los que el Espíritu Santo nos ha bendecido en nuestras últimas veinte lecciones.

Cada uno de ellos encierra dentro de sí el programa de estudios en su totalidad si se entiende, se practica, se acepta y se aplica a todo cuanto parece acontecer a lo largo del día.

Uno solo basta.

Mas no se debe excluir nada de ese pensamiento.

Necesitamos, por lo tanto, usarlos todos y dejar que se vuelvan uno solo, ya que cada uno de ellos contribuye a la suma total de lo que queremos aprender.

Al igual que nuestro último repaso, estas sesiones de práctica giran alrededor de un tema central con el que comenzamos y concluimos cada lección.

El tema para el presente repaso es el siguiente: . .

No soy un cuerpo. Soy libre. Pues aún soy tal como Dios me creó. El día comienza y concluye con esto.

Y lo repetiremos asimismo cada vez que el reloj marque la hora, o siempre que nos acordemos, entre una hora y otra, que tenemos una función que transciende el mundo que vemos.

Aparte de esto y de la repetición del pensamiento que nos corresponda practicar cada día, no se requiere ningún otro tipo de ejercicio, excepto un profundo abandono de todo aquello que abarrota la mente y la hace sorda a la razón, a la cordura y a la simple verdad.

Lo que nos proponemos en este repaso es ir más allá de todas las palabras y de las diferentes maneras de practicar.

Pues lo que estamos intentando esta vez es ir más de prisa por una senda más corta que nos conduce a la serenidad y a la paz de Dios.

Sencillamente cerramos los ojos y nos olvidamos de todo lo que jamás habíamos creído saber y entender.

Pues así es como nos liberamos de todo lo que ni sabíamos ni pudimos entender. Hay una sola excepción a esta falta de estructura.

No dejes pasar un solo pensamiento trivial sin confrontarlo.

Si adviertes alguno, niega su dominio sobre ti y apresúrate a asegurarle a tu mente que no es eso lo que quiere.

Luego descarta tranquilamente el pensamiento que negaste y de inmediato y sin titubear sustitúyelo por la idea con la que estés practicando ese día.

Cuando la tentación te asedie, apresúrate a proclamar que ya no eres su presa, diciendo:

No quiero este pensamiento. El que quiero es ________ .

Y entonces repite la idea del día y deja que ocupe el lugar de lo que habías pensado.

Además de estas aplicaciones especiales de la idea diaria, sólo añadiremos unas cuantas expresiones formales o pensamientos específicos para que te ayuden con tu práctica.

Por lo demás, le entregamos estos momentos de quietud al Maestro que nos enseña en silencio, nos habla de paz e imparte a nuestros pensamientos todo el significado que jamás puedan tener.

A Él le ofrezco este repaso por ti.

Te pongo en Sus manos, y dejo que Él te enseñe qué hacer, qué decir y qué pensar cada vez que recurres a Él.

Él estará a tu disposición siempre que acudas a Él en busca de ayuda.

Ofrezcámosle este repaso que ahora comenzamos, y no nos olvidemos de Quién es al que se le ha entregado, según practicamos día tras día, avanzando hacia el objetivo que Él fijó para nosotros, dejando que nos enseñe cómo proceder y confiando plenamente en Él para que nos indique la forma en que cada sesión de práctica puede convertirse en un amoroso regalo de libertad para el mundo.

Un Curso de Milagros. Helen Schucman.

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El Milagro reconoce que todo el mundo es tu hermano, así como mi hermano también. Es una comunicación directa con Dios, tal y como lo concibas, indicando que la condición aparente entre Dios y el hombre es una falsa separación. Un milagro es una reparación a través del perdón. El propósito de estas lecciones es entrenar a tu mente para esta transformación. Nada irreal existe, nada real puede ser amenazado; en eso radica la Paz de Dios.

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